Sexting, la antesala al ciberbullying.

¿Qué es y qué consecuencias tiene para el adolescente?

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El Sexting consiste en la publicación fotografías o videos propios, de contenidos eróticos o pornográficos, difundidos a través de un dispositivo móvil por la persona que los toma.

El término sexting proviene del inglés “Sex” (sexo) y “Texting” (envío de mensajes). Si bien el término se tomó considerando únicamente el envío de fotografías a través de SMS, en la actualidad comprende tanto fotografías como vídeos de contenido sexual enviados a través de cualquier servicio de mensajería instantánea o al hecho de publicarlos en las redes sociales.

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Diversión, coqueteo, flirteo, un regalo a la pareja o simplemente para sentirse bien… Lo cierto es que la mayoría de los adolescentes confían ciegamente en las nuevas tecnologías sin ser conscientes de que la rápida difusión que permiten, ocasionando que el remitente pierda completamente el control sobre el contenido difundido. El sexting no debería tomarse a la ligera por sus graves consecuencias: acoso, ciberbullying, burlas, extorsión, etc.

Consecuencias y problemas del sexting

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En primer lugar, el joven que envía sexting puede ser acosado, humillado, vejado hasta tal punto de originarse trastornos psicológicos tan serios como la ansiedad o la depresión.

El adolescente puede ser extorsionado tanto en persona como a través de Internet. El autor del contenido suele ceder al chantaje ante el temor de que el extorsionador difunda públicamente las imágenes o el vídeo. ¿Las consecuencias? Acceder a seguir enviando contenido sexual o, en casos extremos, acceder a mantener relaciones sexuales.

En definitiva, los problemas psicológicos que genera el sexting en el adolescente no deben menospreciarse. Se han llegado a dar casos de suicidios e infinidad de casos de ansiedad, depresión, pérdida de autoestima, humillaciones o aislamiento social.

En estos casos, la terapia psicológica ayuda al adolescente no solo a superar los trastornos generados por las consecuencias del sexting sino que además le enseñará cómo debe reaccionar frente a este tipo de situaciones.

Si te encuentras en esta situación o alguno de tus hijos esta pasando por este problema, acércate con nosotros, podemos ayudarte.

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El Duelo y su proceso

El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (empleo, un ser querido, una relación, etc.).

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Etapas principales del duelo

Según el modelo descrito por el libro de la doctora Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004)“On death and dying”, el duelo se manifiesta en cinco fases:
1. Negación. En esta etapa suele negarse a sí mismo o al entorno que ha ocurrido la pérdida y se reúsa a aceptar que la situación ha cambiado.
2. Enfado, Indiferencia o Ira: Etapa que se caracteriza por un estado de descontento al no ser capaz de evitar la pérdida que sucede. Se buscan razones causales y culpabilidad.

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3. Negociación. En esta etapa es posible negociar consigo mismo o con el entorno, entendiendo los pros y contras de la pérdida. Se intenta buscar una solución a la pérdida a pesar de conocerse la imposibilidad de que suceda.

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4. Dolor Emocional. Se experimenta tristeza por la pérdida. Pueden llegar a sucederse episodios depresivos que deberían ceder con el tiempo.
5. Aceptación. En esta etapa final, se asume que la pérdida es inevitable. Supone un cambio de visión de la situación sin la pérdida; siempre teniendo en cuenta que no es lo mismo aceptar que olvidar.

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Todas las pérdidas precisan de este proceso, que tiene una duración que oscila entre los 6 meses y los 3 años, aproximadamente, dependiendo de varios factores:
• Del grado o importancia de la relación.
Del apoyo social. Una persona que cuenta con amigos o familiares que le quieren y le entienden, con los que se siente apoyado y comprendido, tendrá más facilidad para amortiguar el dolor.
De la personalidad. Hay personas que sienten las cosas, tanto las alegrías como las tristezas de forma muy intensa, mientras que otras tienen mayor contención. De la misma forma, hay quienes tienen una mayor facilidad para profundizar en continuos pensamientos catastróficos, profundizando en la espiral de dolor.
• De la confianza y autoestima. Un nivel alto de autoestima o confianza nos ayudará a no tener pensamientos autodestructivos ni de acontecimientos catastróficos.
De la forma de afrontar los problemas. Muchas personas son capaces de evaluar la situación y buscar apoyo emocional.

No siempre se cumplen todas las etapas, ni necesariamente ocurren en el orden señalado.
En el caso de que los síntomas no cesaran después de estos períodos de tiempo y provocaran problemas para desenvolverse en su vida rutinaria, es muy importante acudir a un profesional de la salud mental, ya que la persona afectada puede estar pasando un episodio de depresión crónica, lo que implicaría un duelo patológico, si este es tu caso o tienes algún familiar que se encuentra en esta situación, acércate con nosotros, podemos ayudarte.

 

La fealdad imaginaria: las cadenas del trastorno dismórfico corporal

disLa satisfacción por la imagen corporal es un objetivo importante en la sociedad actual, convirtiendo en patológica esta preocupación por el aspecto físico al alcanzar límites irracionales con estándares poco realistas.
Los medios de comunicación promueven el ideal de cuerpo perfecto. Estos mensajes influyen en el desarrollo de la identidad del adolescente, quien percibe una imagen distorsionada de su propio cuerpo.
El término dismorfofobia fue acuñado por primera vez por el psiquiatra italiano Enrique Morselli en 1886. Lo denominó como “un sentimiento subjetivo de fealdad o defecto físico que el paciente cree que es evidente para los demás, aunque su aspecto está dentro de los límites de la normalidad”.

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Características de las personas que padecen TDC:

  • Tienen una preocupación excesiva por su imagen corporal, por un algún defecto corporal mínimo o por defectos corporales que sólo están en la mente de quien los imagina.
  • En caso de que alguna imperfección existiera, los sentimientos que ésta genera son exagerados o infundados. Estas ideas obsesivas están referidas a partes de cuerpo a las que se les asigna una especial función estética o comunicativa.
  • Tienen una serie de ideas sobrevaloradas acerca de su cuerpo o de algún rasgo, sin alcanzan a ser delirantes ya que en algún momento reconocen que son irracionales o excesivas, conservando el juicio de realidad.
  • Experimentan un malestar intenso en relación con el defecto y describen sus preocupaciones como “muy dolorosas y torturantes”. No pueden controlar y dominar sus preocupaciones pero a la vez hacen poco o nada por superarlas.
  • Suelen pasar horas rumiando acerca del defecto al punto que estos pensamientos dominan sus vidas casi por completo.
  • En muchos casos se constata un deterioro significativo en muchas áreas de la vida del sujeto.

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La idea de tener un aspecto antiestético, desagradable o repulsivo se centra casi exclusivamente, en determinadas partes del cuerpo y en algunos casos abarca la totalidad del cuerpo.

El trastorno dismórfico corporal es la antesala para trastornos como la anorexia nerviosa, la bulimia, la vigorexia, la despersonalización (sensación corporal de estar separado de uno mismo) y la hipocondriasis; todos ellos están englobados en un tipo de afecciones asociadas al espectro obsesivo-compulsivo (EOC) y que se caracterizan por la “preocupación por el cuerpo y la apariencia” y hoy se sabe que muchos de los métodos utilizados para combatir el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) resultan muy útiles también para estas enfermedades.
En contextos donde se suelen realizar actividades cosméticas suele pasar desapercibido. El TDC está cobrando mayor fuerza debido a que muchas personas recurren a la cirugía plástica (muchas veces poniendo en riesgo su salud y su aspecto físico al hacerlo en manos inexpertas), tratamientos de belleza, hábitos alimenticios deficientes en nombre de la dieta, etc. No obstante, ninguna operación o tratamiento podrá modificar la actitud de estas personas ante su presunto aspecto antiestético.

Síntomas más frecuentes:

  • Se refieren a defectos imaginarios o de poca importancia en la cara, o la cabeza como acné, arrugas, cicatrices, etc. Pueden preocuparse también por la forma, tamaño u otros aspectos de la nariz, párpados, cejas, orejas, boca labios, dientes, mandíbula, barbilla, mejillas, etc.
  • Cualquier parte del cuerpo puede ser igualmente motivo de preocupación: genitales, pechos, glúteos, abdomen o incluso todo el cuerpo. A veces la preocupación se expande a varias partes del cuerpo al mismo tiempo. A pesar de que la mayoría de las quejas suelen ser específicas (labios “chuecos” o nariz “ganchuda”) otras veces son muy vagas (cara “torcida”, ojos “poco abiertos”)
  • Suelen limitarse a hablar de “su fealdad” sin entrar en detalles.
  • Pasan varias horas comprobando el defecto en el espejo o superficies reflejantes (conductas compulsivas).
  • En ocasiones llegan a usan lupas para verlo mejor.
  • Recurren al aseo excesivo o al maquillaje ritualizado para disminuir la ansiedad, con poco resultado.
  • Tienen conductas tanto de evitación (tapar los espejos) como de verificación.
  • Piden opiniones para tranquilizarse momentáneamente aunque no confían en el punto de vista de los demás.
  • Se comparan con los demás.
  • Creen que la gente los observa, critica o se burla de ellos (ideas de referencia).
  • Ocultan la parte fea (la cubren con ropa o accesorios).
  • Tienen ideas de mal funcionamiento o de fragilidad de la parte fea.
  • Se aíslan socialmente por vergüenza a ser vistos y en muchos casos salen sólo de noche.
  • Algunos buscan tratamientos estéticos o correctivos (cirugías, tratamientos dentales, etc. muchas veces en manos inexpertas agravando el problema).

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El TDC comienza en la adolescencia pero suele pasar desapercibido por el ocultamiento de síntomas y se lo confunde con las preocupaciones normales sobre el aspecto físico típicas de esta etapa. Su aparición puede ser tanto gradual como abrupta y su curso suele ser continuo. Con respecto a la parte del cuerpo en que se centran las preocupaciones puede variar con el tiempo.
Gran parte estos pacientes recurren a la cirugía estética, reconstructiva u odontológica para corregir el defecto, aunque no quedan conformes y reiteran esos procedimientos varias veces ya que el trastorno es mental y las cirugías no corrigen las obsesiones.
Llegan a abandonar los estudios, el trabajo y las amistades. A veces requieren hospitalización por las ideas de suicidio. Muchas veces se asocia con otros trastornos graves como el trastorno depresivo mayor, el trastorno delirante, la fobia social y el trastorno obsesivo compulsivo.
En todas las perturbaciones de la imagen corporal en las que el paciente percibe subjetivamente una deformidad que en realidad no existe, hay impulsos agresivos que por represión se han vuelto inconscientes. Citando la metáfora de S. Freud: en las situaciones de duelo “la sombra del objeto cae sobre el yo”; en las identificaciones la sombra de los objetos a los que se ha renunciado cae sobre la imagen corporal. En este caso, la lucha agresiva en que se inflige al oponente (el objeto), una herida real o imaginaria, recae sobre la imagen corporal del individuo quien se sitúa parcialmente en la posición del otro.

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Tratamiento

Dada la pluralidad de causas que determinan al TDC, el tratamiento debe ser generalmente psicoterapéutico y psicofarmacológico, dependiendo éste último de la intensidad de los síntomas.
Si se presentan trastornos asociados como anorexia, bulimia o vigorexia, el tratamiento deberá ser integral, con atención en áreas de nutrición, psicoterapia y psicofarmacología, según sea el caso.
Con el correr del tiempo y el tratamiento adecuado, el componente de angustia presente en estos trastornos suele dar paso a una preocupación menos angustiante, hipocondríaca o compulsiva, mejorando la calidad de vida.

Si estas atravesando por este problema o tienes dudas al respecto, contáctanos, podemos ayudarte y orientarte.

 

Asertividad: El arte de hacer valer tus necesidades respetando al mismo tiempo las necesidades de los otros

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Suele definirse como una forma de comunicación en la cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Es también una forma de expresión consciente, congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros derechos sin la intención de herir o perjudicar, respetando al escucha; actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

La asertividad se encuentra en un espectro no muy claro. En un extremo encontrarás la pasividad mientras que en el otro, la agresividad. La pasividad a menudo tiene como resultado la sensación de que” mis necesidades no importan”. Por otro lado, la agresividad a menudo resulta de la creencia de que”las necesidades e los otros no importan”.

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Ser asertivo unifica estas 2 ideas. “La asertividad es el arte de la celebración de las necesidades de todos, incluyendo las mías”

Pero cuando te has pasado toda su vida siendo complaciente, este concepto puede ser difícil, sobre todo llevarlo a la práctica. El resultado de la complacencia es la sensación de estar atascado en la parte donde importan las necesidades de todos menos las propias. Pero ¿cómo equilibrar las necesidades de otros con las propias necesidades? ¿No es más fácil o mejor permanecer en silencio?

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Muchos de nosotros tratamos de satisfacer esta necesidad de conexión al silenciar nuestra auto-expresión, esto nos lleva a la pasividad y a sentir resentimiento. La clave es darse permiso para volver a centrarse en sus necesidades.
Veamos en el siguiente ejemplo de una ruptura la asertividad aplicada: Una persona de la pareja quiere estar en contacto; la otra persona quiere espacio. El que quiere espacio, puede respetar sus propias necesidades y las de su ex pareja al decir lo siguiente: “Es muy importante para mí tomar un poco de espacio en este momento para que pueda concentrarme en mi propia sanación; he escuchado y reconozco que es importante para ti que esté en contacto. Yo quiero que tengas la conexión que necesitas en tu vida pero no estoy disponible para eso ahora. Espero que encuentres otras maneras de conseguir la conexión”.

Este ejemplo ilustra cómo se puede sostener las necesidades de alguien con cuidado, incluso si no vas a ayudarles a satisfacerlas. Es importante recordar que no somos responsables de cumplir con las necesidades de otra persona, aun cuando sus necesidades son importantes para nosotros.

En otras palabras, respetar las necesidades de alguien no te requiere cumplir con ellas; pero es importante reconocerlas.

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Se recomienda utilizar la asertividad en todos los ámbitos de nuestra vida, veamos otro ejemplo de insatisfacción con el servicio que está recibiendo en un restaurante. Una respuesta pasiva seria decir nada a su mesero o encargado del lugar. Una respuesta agresiva seria gritarle a uno de ellos. Una respuesta asertiva es amablemente dejar claro lo que te gustaría. “Estás hablando de tus necesidades y al mismo tiempo tratando al prestador del servicio con respeto.”

También podemos respetar las necesidades de otros (y la nuestra) haciendo peticiones y no demandas. Las demandas no tienen en cuenta las necesidades de la otra persona. Además, exigir puede ser contraproducente. “La gente tiende a querer contribuir a los demás cuando se sienten conectados y cuando sienten que tienen la elección.”

Además, ayuda a ser flexible en cuanto a cómo los demás cumplen nuestras necesidades. Por ejemplo, la demanda estaría diciendo: “Es necesario que me llames tres veces al día”. Sin embargo, una petición seria: “¿Estarías dispuesto a llamarme tres veces al día?”

Si no estás abierto a escuchar ‘no’ por respuesta, estas formulando una demanda. Si estás abierto a la búsqueda de estrategias en donde ambas partes puedan decir ‘sí’, entonces es una petición.
Volviendo al ejemplo anterior “La otra persona puede no estar dispuesta a llamarte tres veces al día, pero podría estar dispuesta a enviar texto, correo electrónico, llamar una vez al día, o hablar por una cantidad de tiempo más largo”

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Respetar las necesidades de otros no significa guardar silencio acerca de las propias necesidades. Mejor dicho, significa actuar con compasión y  hacer peticiones (frente a las demandas) para cumplir con las nuestras.

No lo olvides, mereces tener una voz, búscala, ejercítala, ejércela. Si te cuesta trabajo encontrarla, no dudes en comunicarte con nosotros, podemos ayudarte.

 

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) ¿Qué es y cómo tratarlo?

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El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) podría definirse como una frecuente y excesiva preocupación no vinculada a situaciones u objetos concretos. En otras palabras, la persona que lo padece desconoce las causas que originan su preocupación o angustia. Estas personas muestran un temor constante a algo sin ser capaces de explicar de qué se trata.

Sus vidas comienzan a girar en torno a la ansiedad, afectando su desempeño escolar (en niños y adolescentes) o laboral (en adultos) y las relaciones interpersonales en todas las edades.

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Las preocupaciones parecen pasar de un problema a otro: relaciones personales, cuestiones profesionales, dinero, salud, cuestiones de pareja, preocupación excesiva por los seres queridos, etc. Incluso en aquellos casos en los que la persona es plenamente consciente de que sus temores son excesivos tendrá dificultades para controlarlos.

¿Cuáles son los síntomas?

• Preocupación constante y excesiva en numerosos ámbitos, sin causas objetivas que la justifiquen.
• Perfeccionismo, inseguridad de sí mism@s y los demás, insatisfacción o frustración al no conseguir los resultados propuestos.
• Provoca malestar fijo como dolor de cabeza, de estomago, migrañas, gastritis, diarrea, constipación, tensión muscular, temblores, mareos, tics, trastornos menstruales, etc.
• Afectación al estado psicológico de las personas, por lo general, impaciencia, fatiga, dificultad para concentrarse, agitación, inquietud, irritabilidad, sensación constante de angustia y dolor en el pecho, alteraciones del sueño que generalmente se manifiestan en insomnio.
• Nerviosismo, irritabilidad, conductas como morderse las uñas, arrancarse el cabello, etc.

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Tratamiento del Trastorno de Ansiedad Generalizada

El mejor tratamiento consiste en una combinación de terapia psicológica y realizar cambios en el estilo de vida, como: hacer deporte, buenos hábitos de descanso y una alimentación saludable para reducir la ansiedad y eliminar el consumo de cafeína, alcohol y tabaco.

En definitiva, si sufres de ansiedad desde hace más de seis meses, sientes que ya no puedes controlarla, eres consciente de que la ansiedad afecta a tus relaciones interpersonales o a tu desempeño laboral o sufres problemas de concentración o de sueño ha llegado el momento de pedir ayuda. En Psicología Aplicada podemos ayudarte.

¿Sabes que es la represión y cómo afecta en tu vida?

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¿Alguna vez nos ha sucedido que olvidamos un fragmento o etapa de nuestra vida? Antes estaba ahí el recuerdo, y de pronto, desaparece; sólo sabemos de su ausencia por las fotografías o relatos de otros, nosotros no podemos rememorarlo. Basta pensar en nuestra infancia: usualmente tenemos muy pocos recuerdos de nuestra primaria, menos aún de cuando iniciamos el jardín de niños.

Así como hay algunos periodos que se quedan en el olvido para siempre, otros de pronto reaparecen en nuestra memoria, sorprendiéndonos con su llegada “Sí, es cierto, yo estuve aquí antes”. Usualmente, el retorno de recuerdos perdidos se presenta cuando algo en nuestra realidad o entorno evoca de algún modo, el recuerdo olvidado.

¿A qué se deben estos olvidos y súbitos retornos? Si tenemos una estructura neurótica, se debe a la llamada represión: el mecanismo fundamental de la neurosis obsesiva y la histeria, descubierto por los estudios de Freud y que da origen a lo inconsciente mismo.

¿A qué se refieren con reprimir? De acuerdo con la definición de la Real Academia Española, la palabra reprimir se refiere a: “1. (f) Acción y efecto de represar o reprimir. 2. (f) Acto, o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales.”

La definición psicoanalítica de la represión no está tan distante de la acepción cotidiana: se trata de un “esfuerzo de desalojo”. La represión es el medio por el cual se intenta desalojar de la consciencia un cierto evento, vivencia, experiencia o incluso un pensamiento, que resulta conflictivo para la psique. El pensamiento o experiencia se registra en la consciencia en un primer momento, y en un segundo momento, se expulsa de ella por considerarlo amenazante.

Hagamos un símil de la represión psíquica con un movimiento social. Imaginemos que el pensamiento o vivencia reprimido sería como un grupo rebelde cuyos propósitos van en contra del gobierno. El grupo rebelde se manifiesta, convoca a reuniones y empieza a generar estragos en la población. El gobierno, la parte de nuestra psique que reprime, al ver lo que ocurre, buscará restaurar el orden de nuevo, sin importar el costo; no puede aniquilar al grupo rebelde, por lo que decide mandar al exilio tanto al grupo rebelde como a todos aquellos ciudadanos que fueron afectados por él.

Represión: desalojar lo incompatible

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Las pulsiones, diferentes a los instintos, siempre buscan salir para lograr su satisfacción parcial. En su tránsito, sin embargo, se encuentran con ciertas barreras o límites, impuestos por el principio de realidad, que impiden su salida.

Freud ubicó la represión justamente como efecto de este choque: la pulsión inconsciente intenta salir para satisfacerse y, al llegar a la frontera con la consciencia, se le deniega el acceso ¿por qué? Porque es incompatible con otras exigencias psíquicas; todos los elementos incompatibles son reprimidos, condenados al exilio.

Retorno de lo reprimido

Aquello reprimido se manda a lo inconsciente. El problema es que, una vez mandado, lo reprimido no se almacena tranquilamente en lo inconsciente, sino que se requiere de un esfuerzo constante para mantenerlo alejado de la consciencia, implicando un estrago perpetuo en el aparato psíquico.

Conforme pasan los años y se tienen nuevas vivencias, se reprime material adicional que se vincula con otras vivencias similares reprimidas, creando una intrincada red. Los elementos de la red se movilizan y buscan salida por medio de los sueños, lapsus, actos fallidos y otras manifestaciones de lo inconsciente. Cuando el material reprimido se moviliza a tal grado que amenaza con alcanzar la consciencia de nuevo, es necesario hacer un esfuerzo adicional para apartarlo de la consciencia, generando, entre otros, el bien conocido insomnio.

Imaginemos, por ejemplo, que un adolescente tiene boletos para ir al concierto del año con el grupo más popular de la escuela. La fecha del concierto coincide con la fecha programada por un viaje familiar, por lo que sus padres le niegan el permiso y lo obligan a respetar su compromiso previo de ir al viaje con ellos. En el trayecto al aeropuerto, el adolescente discute enfurecido y, entre sus pensamientos, cruza el deseo de que sus padres “no existieran”; unos minutos más tarde, sufren un accidente y sus padres se lastiman gravemente.

El pensamiento de ira justo antes del accidente, hace que el adolescente sienta culpa descomunal por sus heridas, como si él fuera responsable. El pensamiento claramente entra en conflicto con otras exigencias y límites, la sensación de culpa es insoportable y los choques amenazan a todo el aparato psíquico, ¿cuál es la solución? Se reprime el pensamiento y el recuerdo del accidente; pero no sólo eso, se reprime también cualquier memoria del viaje, del concierto, e incluso después, cuando alguien menciona algo del viaje, siente repulsión hacia esa actividad.

Para entender mejor la represión, necesitamos aclarar algunas diferencias. Digamos que una experiencia, pensamiento o vivencia está compuesta por dos elementos: el evento o pensamiento en sí, en el caso del ejemplo sería el viaje, el accidente y el pensamiento de ira contra los padres. El segundo elemento es el sentimiento surgido por el evento: la culpa por las heridas de sus padres y la furia por su negativa de ir al concierto.

Cuando entra en operación la represión, solamente se desaloja de la consciencia el evento o pensamiento en sí, no el sentimiento o afecto. Para explicarlo de otra forma, se separan uno de otro y el evento o pensamiento se olvida, mientras que el sentimiento queda rondado por el aparto psíquico, adhiriéndose a otras vivencias sin poder ser tramitado.

Volvamos al ejemplo. El adolescente, al convertirse en adulto, no tiene recuerdo del accidente, menos aún del concierto. En las profundidades de su inconsciente, sin embargo, sigue presente la memoria reprimida de lo ocurrido. El sentimiento de dolor y culpa, por su parte, se transformó en repulsión ante todo lo relacionado con viajes, al grado de que se considera a sí mismo un amargado sin saber por qué.

Cuando por motivos de su trabajo, el hombre debe ir a una agencia de turismo, su aparato psíquico entra en alarma. Los elementos externos de su entorno (la agencia) le recuerdan lo reprimido, como si “llamaran” al elemento en las profundidades de su inconsciente; esto es, cuando hay un elemento en común entre el entorno y el material reprimido, se genera un vínculo, haciendo que lo reprimido insista con más fuerza en salir a la consciencia y en regresar del exilio.

El hombre poco sabe del estrago interno de su psique. Él lo percibe como un estrago físico: se empieza a sentir mareado, se le baja la presión, teme que quizá esté sufriendo un infarto o alguna otra afección física. Pasará las siguientes semanas sufriendo de insomnio o pesadillas, sintiendo que su salud decae y tiene una enfermedad incurable, a pesar de que los médicos le aseguran que se encuentra en perfecto estado. El malestar continuará hasta que su aparato psíquico logre dominar de nuevo al material inconsciente.

El problema surge, precisamente, cuando el aparato psíquico es incapaz de seguir impidiendo la salida de los diversos elementos inconscientes reprimidos. El malestar, en estos casos, no sólo no cede jamás, sino que cada vez es más fuerte e incluso incapacitante. Algunas personas, después de descartar aflicciones físicas, buscarán iniciar un análisis como respuesta al malestar ocasionado por la insistencia del retorno de lo reprimido.

Efectos de represiones

Como mencionábamos, la represión es el mecanismo fundamental utilizado en la neurosis, y, lo más importante, es justo lo que da origen a lo inconsciente. Gracias a la represión, se forman dos instancias dentro del aparato psíquico, juzgadas incompatibles una con otra: por un lado está la consciencia y por el otro todo aquello que se desalojó de la misma.

A pesar de no tener acceso directo a lo inconsciente y todo su contenido, éste rige una gran parte de nuestra vida. Cuando nos sentimos tristes, enojados, ansiosos o culpables sin entender por qué, usualmente el afecto se debe a una vivencia o pensamiento que fue desalojada de la consciencia y exiliada a lo inconsciente.

CARTAS BASURA: UNA FORMA SALUDABLE DE EXPRESAR LA RABIA

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La rabia o ira es el sentimiento que se produce naturalmente al recibir un daño o vivir una frustración. Nos provoca un deseo muy fuerte de responder con agresividad a la persona o situación origen de nuestro mal. Es una emoción que nos carga de energía negativa, sin embargo si podemos darle salida no nos ocasionara daño alguno.

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Por muchas generaciones la educación recibida, ha señalado a la rabia como dañina, generando la represión de sus manifestaciones, llegando a la conclusión que “enojarse es malo”. Ocurre entonces que, con frecuencia, nos callamos ante el daño que recibimos y nos tragamos nuestra rabia.

Es habitual, sobre todo en personas complacientes o que no pueden establecer límites, que la rabia acumulada se libere explotando con las personas más vulnerables o cercanas y en los momentos menos apropiados. Como por ejemplo el padre que llega a su casa molesto por el trabajo y se desquita con sus hijos, etc.

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Una rabia no expresada a tiempo se convierte en rencor o resentimiento.

La energía acumulada de la rabia afecta a nuestro equilibrio corporal, porque tiene un fuerte componente psicosomático y si no solucionamos nuestros conflictos emocionales con la rabia, podemos llegar a enfermar. Es pues necesario que esa energía negativa no se quede dentro de nosotros para no hacernos daño; hay que echarla afuera, pero en la forma adecuada para que tampoco dañe a los demás.

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Una manera muy sencilla de poderlo hacer son las llamadas cartas-basura. Una carta basura es un texto escrito conscientemente que me permite expresar mi rabia para después tirarla a la basura o quemarla y desprenderme de esa energía.

El objetivo fundamental no es decirle algo a alguien, sino sacar de mí lo que me hace daño. Es una herramienta imprescindible en aquellas ocasiones en las que es imposible dialogar con la persona que hace daño, porque ya no está o porque no existen las condiciones mínimas para expresarse con seguridad y/o asertividad.

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Cómo hacer una carta basura
1. Recuerda los acontecimientos o las personas que te provocan tu rabia. En algunos casos son evidentes; en otros, muchas pequeñas y continuas agresiones.
2. Toma papel y pluma y escribe una carta dirigida a esas personas, circunstancias o situaciones responsables de tu dolor. No te limites, deja que fluyan por tu mano los insultos guardados, los malos deseos, las fantasías perjudiciales, los reproches, los rencores… Siente que no dejas nada en el tintero de tu herida.
3. Cuando acabes de escribir, despídete (es un cierre) y firma (es tu deseo). No releas la carta y DESHAZTE de ella de una manera expresiva: la quemas, la rompes en pedazos o la tiras. Son palabras que no tienen que quedarse en ti.
4. Comprueba cómo se ha estabilizado tu nivel emocional y que estás más tranquil@.

Siempre que lo necesites puedes repetir este ejercicio.
Si te cuesta trabajo manejar tu rabia o agresión, comunícate con nosotros, podemos ayudarte.