Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) ¿Qué es y cómo tratarlo?

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El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) podría definirse como una frecuente y excesiva preocupación no vinculada a situaciones u objetos concretos. En otras palabras, la persona que lo padece desconoce las causas que originan su preocupación o angustia. Estas personas muestran un temor constante a algo sin ser capaces de explicar de qué se trata.

Sus vidas comienzan a girar en torno a la ansiedad, afectando su desempeño escolar (en niños y adolescentes) o laboral (en adultos) y las relaciones interpersonales en todas las edades.

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Las preocupaciones parecen pasar de un problema a otro: relaciones personales, cuestiones profesionales, dinero, salud, cuestiones de pareja, preocupación excesiva por los seres queridos, etc. Incluso en aquellos casos en los que la persona es plenamente consciente de que sus temores son excesivos tendrá dificultades para controlarlos.

¿Cuáles son los síntomas?

• Preocupación constante y excesiva en numerosos ámbitos, sin causas objetivas que la justifiquen.
• Perfeccionismo, inseguridad de sí mism@s y los demás, insatisfacción o frustración al no conseguir los resultados propuestos.
• Provoca malestar fijo como dolor de cabeza, de estomago, migrañas, gastritis, diarrea, constipación, tensión muscular, temblores, mareos, tics, trastornos menstruales, etc.
• Afectación al estado psicológico de las personas, por lo general, impaciencia, fatiga, dificultad para concentrarse, agitación, inquietud, irritabilidad, sensación constante de angustia y dolor en el pecho, alteraciones del sueño que generalmente se manifiestan en insomnio.
• Nerviosismo, irritabilidad, conductas como morderse las uñas, arrancarse el cabello, etc.

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Tratamiento del Trastorno de Ansiedad Generalizada

El mejor tratamiento consiste en una combinación de terapia psicológica y realizar cambios en el estilo de vida, como: hacer deporte, buenos hábitos de descanso y una alimentación saludable para reducir la ansiedad y eliminar el consumo de cafeína, alcohol y tabaco.

En definitiva, si sufres de ansiedad desde hace más de seis meses, sientes que ya no puedes controlarla, eres consciente de que la ansiedad afecta a tus relaciones interpersonales o a tu desempeño laboral o sufres problemas de concentración o de sueño ha llegado el momento de pedir ayuda. En Psicología Aplicada podemos ayudarte.

Pesadillas y Terrores nocturnos, 2 trastornos de sueño que afectan en la infancia.

¿Qué son y cómo manejarlos?

Los trastornos del sueño y las dificultades para dormirse son uno de los problemas más frecuentes en la infancia.  A pesar de que muchas veces se confunden, las pesadillas y los terrores nocturnos son dos trastornos  diferentes, a continuación te describimos cada uno:

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PESADILLAS

Son episodios de ensoñación que producen un miedo intenso en el niño y que provocan su despertar.

• Son sueños desagradables de gran intensidad que originan fuertes sentimientos de miedo, terror, ansiedad o angustia en el niño.
• Su ocurrencia se limita casi exclusivamente a la fase de sueño REM y es más frecuente en la segunda mitad de la noche (normalmente al amanecer).
• Suelen aparecer alrededor de los 3-6 años disminuyendo su ocurrencia con el paso de los años.
• En la mayor parte de casos no hay motivo de preocupación, es uno de los problemas de sueño más frecuente en la infancia y la adolescencia.
• El niño SÍ RECUERDA lo que ha soñado y es capaz de explicarlo.
• Por regla general los episodios duran semanas y se relacionan con algún fenómeno externo que les ha causado inquietud. Si el niño está traumatizado por algo se vuelven repetitivas.
• Los resultados de algunos estudios apuntan a existe una relación entre los niveles de ansiedad de los niños y la ocurrencia de pesadillas.

Pesadillas más frecuentes:

• 2-3 años: miedo a la ser separados de sus padres y a los extraños.
• 3-5 años: miedo a la oscuridad y a algunos animales.
• 6-8 años: miedo a seres imaginarios como fantasmas o monstruos.
• 9-10: miedo a la escuela y al daño físico
• A partir de los 11 años adquirirán más relevancia los miedos a situaciones sociales, al daño corporal y al fracaso escolar.

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QUÉ HACER

Como recomendación general es bueno establecer unas pautas de sueño adecuadas. Tener unos hábitos regulares de sueño ayudará al niño a saber cuando se acerca el momento de dormir.

Cuando el niño se despierte por una pesadilla habrá que:
• Ayudar y consolar al niño lo antes posible. Se le puede abrazar y cogerle la mano mientras se le tranquiliza con palabras.
• Hablarle con ternura hasta calmar su angustia, explicándole que se trata sólo de un sueño, pero también hay que hacerlo con firmeza y seguridad sin dejarse convencer por el niño (por ejemplo cuando piden dormir con los padres).
• Es aconsejable permanecer con el pequeño hasta que éste se haya calmado lo suficiente para volver a conciliar el sueño.
• También puede consolarte uno de sus peluches favoritos.
• Alabar o premiar al niño por cada paso que da para enfrentarse a la pesadilla. Puede establecerse un sistema de puntos a través del cual ganará premios si va cumpliendo determinados objetivos.

QUÉ NO HACER

• NO es buena idea hablar con detalle sobre el contenido de la pesadilla en el momento en que el niño ha despertado a causa de ella. Si hacemos esto el niño podría activarse aún más y eso haría más difícil que volviera a dormirse. El momento para hablar de ello será al día siguiente (si el niño tiene edad suficiente), si es muy pequeño es mejor no obligarlo a contarla.
• NO hay que entrar en el cuarto encendiendo todas las luces cuando el niño se despierta asustado. Es preferible encender una luz suave. Si lo hacemos así evitaremos que asocie la oscuridad con el malestar y la luz con la seguridad, y pueda desarrollar así miedo a la oscuridad. Además, así facilitaremos que se vuelva a dormir.
• NO es aconsejable que el niño se acueste con los padres. Si lo permitimos no le estaremos ayudando a superar esta etapa y además le daremos la impresión equivocada de que en realidad hay algo que temer.
• NO hay que convertir en una costumbre comprobar con el niño la habitación, debajo de la cama, el armario, para hacerle ver que no hay monstruos ni fantasmas.
• NO decirle al niño sin más que sus pesadillas no son reales puesto que para él sí que se lo parecen y mucho. Es mejor darle algún tipo de explicación adecuada a su edad sobre que fue un mal sueño que le pasa a toda la gente y que no pueden hacerle ningún daño.
• NO dar demasiada importancia o mostrarse muy preocupados por las pesadillas puesto que el niño podría aprender a utilizarlas como una estrategia para conseguir la atención de los padres.

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TERRORES NOCTURNOS

Son episodios de despertar brusco, muy alarmantes ya que el niño pasa de forma brusca de estar profundamente dormido a incorporarse en la cama, gritando y frecuentemente con sudor, taquicardia e hiperventilación.

• Suelen aparecer sobre los 4-12 años y desaparecer al llegar a la adolescencia.
• Los episodios de terrores nocturnos son más frecuentes en niños que en niñas.
• Como se ha dicho, el niño despierta bruscamente y empieza a gritar como si estuviera sufriendo de una forma sobrehumana. El horror puede durar entre 2 y 10 minutos.
• Cuando los padres acuden y hablan al niño, éste no reacciona, no es consciente de lo que ocurre a pesar de tener los ojos abiertos y muchas veces fijos en algún punto.
• En realidad el niño está profundamente dormido y por eso al día siguiente NO RECUERDA nada de lo ocurrido.
• No parece haber una única causa que dé origen a los episodios de terrores nocturnos. Algunos de estos factores pueden ser: los genéticos, madurativos, asociado al consumo de algún tipo de sustancias y situaciones de ansiedad vividas durante el día.

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QUÉ HACER

En los casos leves, que son la mayoría, los padres deben adoptar una actitud tranquila y de conocimiento del trastorno.
• Simplemente vigilar que el niño no se caiga de la cama o sufra cualquier daño físico derivado de su incorporación brusca de la cama, ya que no hay que olvidar que el niño NO está despierto.
• Esperar a que el episodio siga su curso natural bajo nuestra vigilancia.

QUÉ NO HACER

• NO hablarle ni intentar despertarlo.

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Como conclusión, las pesadillas son uno de los trastornos de sueño más frecuentes en la infancia y en su gran mayoría se trata de episodios leves que pueden superarse siguiendo estas sencillas recomendaciones.

En cuanto a los terrores nocturnos, aunque mucho menos frecuentes que las pesadillas, suelen manifestarse de forma leve en los niños, y en este caso no se requeriría ningún tratamiento específico.

No obstante, si se observa que los episodios, por frecuencia o intensidad, sobrepasan los límites de la normalidad provocando un gran malestar en el niño, sería aconsejable acudir a un profesional que valore el problema e indique el tratamiento y/o terapia oportuna en cada caso. Si tu hij@ está padeciendo alguno de estos 2 trastornos no dudes en acercarte con nosotros, podemos ayudarles.

¿Qué tipo de padre/madre eres?

Clasificacion de los estilos parentales de educación

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La familia es el contexto donde se van adquiriendo los primeros hábitos, las primeras habilidades y las conductas que nos acompañarán a lo largo de nuestra vida. Los adultos que le rodean tienen un papel muy importante en la socialización de los niños, pero esta influencia no es decisiva, ya que la educación no es un proceso unidireccional, sino un proceso en el que influyen múltiples factores. En palabras de Rich Harris «la educación no es algo que los padres hagan a los hijos, sino algo que padres e hijos hacen conjuntamente» (Rich, 2002, 53).

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Los estilos educativos son la forma de actuar de los adultos respecto a los niños en su día a día, en la toma de decisiones y en la resolución de conflictos. Esto supone que se crean expectativas y modelos con los que se regulan las conductas y se marcan los límites que serán el referente de los menores. Esto hace que sea de gran importancia desarrollar programas de educación para padres que, en algunos casos, supongan cambios en la forma de educar, en la manera de establecer límites y en la atención que se presta a los hijos.
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En función de lo anteriormente desarrollado, podemos establecer diferentes estilos parentales, siempre teniendo en cuenta que estos estilos educativos suelen ser mixtos, que varían con el paso del tiempo y el desarrollo del niño. Además, también están influidos por el sexo del niño, su posición en el número de hermanos, etc

Entra a la siguiente liga y descubre cuales son los tipos de padres que existen de acuerdo a su conducta en la educacion, cariño, límites, etc,

Rasgos de conducta parental

Si te encontraste que podrias estar teniendo fallas en tu estilo parental no dudes en comunicarte con nosotros, podemos ayudarte.

Dejar para mañana lo que puedes hacer hoy… El mal hábito de postergar

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Rocio posterga la preparación para su examen desde hace varios días. Piensa constantemente que debe comenzar a estudiar, sin embargo dice no tener fuerza para hacerlo. A medida que pasan los días y se acerca la fecha se siente cada vez más estresada y presionada; siente culpa y se reprocha el no haber empezado a estudiar antes y haber dejado todo para último momento… sin darse cuenta, el autoreproche se convierte en la única voz en su cabeza, haciéndole más difícil concentrarse para estudiar.

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Manuel salió con sus amigos el fin de semana y debe quedarse trabajando toda la noche redactando el informe para su jefe. Se siente estresado, desesperado, agotado y tiene que trabajar contra el reloj. Presenta el reporte con muchas dudas, pensando que pudo haberlo preparado mejor con tranquilidad y anticipación.

Las personas que postergan constantemente se preocupan por empezar a realizar las tareas que tienen pendientes, pero no pasan a la acción. El hecho de postergar deriva en consecuencias desagradables de diversa índole tanto en el ámbito personal, como en el laboral o familiar.
La gente posterga de modos muy diversos. En general, los postergadores realizan otras actividades diferentes a las que deben realizar en determinado momento. Mientras una persona puede pasar mucho tiempo en la TV y muy poco tiempo estudiando, otra en lugar de hacer las llamadas a sus clientes se sienta a escuchar música, dejando su actividad laboral para el día siguiente.
En las personas postergadoras es frecuente la aparición de excusas para no pasar a la acción: empiezo el lunes, mejor me voy a descansar y empiezo mañana con más energía, todavía tengo tiempo, me quedan tres días, ahora no tengo ganas, necesito distraerme.

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Estrategias que facilitan pasar a la acción

Organización y manejo del tiempo

Es indispensable un manejo adecuado del tiempo. Para comenzar se recomienda llevar un control en una agenda o en un calendario que detalle los días de la semana y las horas del día; escribe en los casilleros correspondientes todas las actividades fijas y obligatorias que debes realizar. Este ejercicio te reportará dos beneficios:
• Podrás observar la cantidad de tiempo TOTAL que te queda para realizar las actividades pendientes.
• Al final de la semana podrás contemplar de qué modo ocupaste el tiempo que tenías disponible.

Para organizar y manejar tu tiempo:
1. Anota las actividades fijas y obligatorias.
Escribe TODAS las actividades que crees que llevarás a cabo durante la semana, sean importantes o no. Si ya sabes qué día y horario harás determinada actividad, anótalo en el casillero correspondiente. Señala incluso actividades que tomen poco tiempo, por ejemplo tomar el autobús, bañarte o preparar la cena.

2. Observa el tiempo disponible entre actividades.
Una vez completo el calendario semanal, podrás observar los espacios en blanco que puedes aprovechar para avanzar en la actividad pendiente. El punto clave no es registrar lo que se debe hacer obligatoriamente, por ejemplo, ir a trabajar, sino observar el tiempo disponible que hay entre actividades obligatorias para avanzar en las tareas que pospones. Si regresas del trabajo a las 8 pm, se bañas de 8:15 a 8:30 y preparas la cena a las 9:15, puedes concentrarte en la actividad que tenias pendiente durante 30 minutos (aprovechando el lapso que transcurre entre el baño y la preparación de la cena). Iniciar la actividad después de cenar costara mucho más.

3. Registra tu progreso (autorregistro).
Si concluyes media hora de estudio (o de la actividad que tenias postergada), tacha la mitad de la hora en tu agenda. Al final del día y de la semana cuenta la cantidad de horas dedicadas a la actividad que tenías pendiente. Observar tu progreso actúa como incentivo para terminar tareas inconclusas.

Primero la acción, luego la gratificación

Realiza la actividad de baja probabilidad de ocurrencia antes de una actividad de alta probabilidad (primero leer una hora, luego ir al parque). La estrategia que puede aumentar la probabilidad de estudiar es que decidas ver una hora de televisión si lees durante una hora uno de los textos de la materia que cursas. Esta estrategia se basa en que si a la conducta de baja probabilidad de ocurrencia (leer una hora) le sigue en forma inmediata una conducta de alta probabilidad de ocurrencia (ver televisión), ésta refuerza a la primera, incrementándose la probabilidad ejecución de la misma.
1. Para poder implementar esta técnica es necesario que primero efectúes un inventario de las actividades que realizas con mucha frecuencia.
2. Selecciona y define de modo concreto qué actividad deseas dejar de posponer.
3. Una vez que identificaste cuáles son las actividades que realizas en lugar de la que deberías hacer o tienes pendiente, organiza tú tiempo de modo tal que a las actividades de baja frecuencia le sigan inmediatamente unas de alta frecuencia.
4. Realiza la actividad agradable una vez que hayas concluido la actividad que es obligatoria, de esta manera refuerzas el conocimiento adquirido.

Aprovecha el tiempo

Utiliza espacios cortos de tiempo. A veces se cree que un período breve no será suficiente para desarrollar totalmente una actividad, sin embargo aprovechar los lapsos breves permite iniciar y avanzar en la ejecución de una actividad pendiente. Por ejemplo, a las personas que les cuesta realizar ejercicio de modo regular, si aprovechan un lapso de 15 minutos diarios de bicicleta fija al cabo de una semana, en la planilla de autorregistro sumara 1 hora 45 minutos de ejercicio físico.

Avanza gradualmente

Si la actividad pendiente es de alta complejidad (escribir una monografía, resolver ejercicios de matemáticas, etc.) divídela en pequeños pasos, comenzando por aquellos más simples. A medida que adquieras dominio en la actividad avanza gradualmente hacia pasos más difíciles.
Elije un contexto adecuado sin estímulos distractores
Algunas actividades requieren mantener la concentración de modo continuo. A las personas que tienen dificultades de concentración les resulta útil no percibir estímulos distractores y tentadores, es probable que se apliquen a una misma actividad durante mayor cantidad de tiempo y con más concentración.

No esperes sentirte totalmente seguro

Muchas personas que postergan creen que deben sentirse totalmente seguras y sin miedo para empezar a accionar; en algunos casos este afán provoca la postergación indefinida de los problemas, esperando que en el futuro se presenten las condiciones ideales para enfrentarlos. Sin embargo, no es aconsejable aguardar hasta poseer una convicción absoluta de lo que deseamos, pues ese momento puede no llegar.
El ejecutar una acción en sí misma permite superar algunas dificultades. Pasar a la acción permite no solo mejorar el rendimiento en determinada actividad, sino también modificar algunas creencias erróneas sobre uno mismo.

No esperes que aparezcan las ganas

Muchas veces, las actividades que se posponen no son agradables o deseadas por la persona; por ello resulta difícil que espontáneamente aparezcan las ganas de llevarlas a cabo. Comenzar a ejecutarlas, aún cuando no tenga ganas, puede generar la motivación necesaria para continuar y mejorar el estado de ánimo.

Si te cuesta trabajo llevar tus planes a la acción, postergas constantemente o se te dificulta tomar decisiones, no dudes en contactarnos, podemos ayudarte 🙂