Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) ¿Qué es y cómo tratarlo?

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El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) podría definirse como una frecuente y excesiva preocupación no vinculada a situaciones u objetos concretos. En otras palabras, la persona que lo padece desconoce las causas que originan su preocupación o angustia. Estas personas muestran un temor constante a algo sin ser capaces de explicar de qué se trata.

Sus vidas comienzan a girar en torno a la ansiedad, afectando su desempeño escolar (en niños y adolescentes) o laboral (en adultos) y las relaciones interpersonales en todas las edades.

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Las preocupaciones parecen pasar de un problema a otro: relaciones personales, cuestiones profesionales, dinero, salud, cuestiones de pareja, preocupación excesiva por los seres queridos, etc. Incluso en aquellos casos en los que la persona es plenamente consciente de que sus temores son excesivos tendrá dificultades para controlarlos.

¿Cuáles son los síntomas?

• Preocupación constante y excesiva en numerosos ámbitos, sin causas objetivas que la justifiquen.
• Perfeccionismo, inseguridad de sí mism@s y los demás, insatisfacción o frustración al no conseguir los resultados propuestos.
• Provoca malestar fijo como dolor de cabeza, de estomago, migrañas, gastritis, diarrea, constipación, tensión muscular, temblores, mareos, tics, trastornos menstruales, etc.
• Afectación al estado psicológico de las personas, por lo general, impaciencia, fatiga, dificultad para concentrarse, agitación, inquietud, irritabilidad, sensación constante de angustia y dolor en el pecho, alteraciones del sueño que generalmente se manifiestan en insomnio.
• Nerviosismo, irritabilidad, conductas como morderse las uñas, arrancarse el cabello, etc.

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Tratamiento del Trastorno de Ansiedad Generalizada

El mejor tratamiento consiste en una combinación de terapia psicológica y realizar cambios en el estilo de vida, como: hacer deporte, buenos hábitos de descanso y una alimentación saludable para reducir la ansiedad y eliminar el consumo de cafeína, alcohol y tabaco.

En definitiva, si sufres de ansiedad desde hace más de seis meses, sientes que ya no puedes controlarla, eres consciente de que la ansiedad afecta a tus relaciones interpersonales o a tu desempeño laboral o sufres problemas de concentración o de sueño ha llegado el momento de pedir ayuda. En Psicología Aplicada podemos ayudarte.

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¿Sabes que es la represión y cómo afecta en tu vida?

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¿Alguna vez nos ha sucedido que olvidamos un fragmento o etapa de nuestra vida? Antes estaba ahí el recuerdo, y de pronto, desaparece; sólo sabemos de su ausencia por las fotografías o relatos de otros, nosotros no podemos rememorarlo. Basta pensar en nuestra infancia: usualmente tenemos muy pocos recuerdos de nuestra primaria, menos aún de cuando iniciamos el jardín de niños.

Así como hay algunos periodos que se quedan en el olvido para siempre, otros de pronto reaparecen en nuestra memoria, sorprendiéndonos con su llegada “Sí, es cierto, yo estuve aquí antes”. Usualmente, el retorno de recuerdos perdidos se presenta cuando algo en nuestra realidad o entorno evoca de algún modo, el recuerdo olvidado.

¿A qué se deben estos olvidos y súbitos retornos? Si tenemos una estructura neurótica, se debe a la llamada represión: el mecanismo fundamental de la neurosis obsesiva y la histeria, descubierto por los estudios de Freud y que da origen a lo inconsciente mismo.

¿A qué se refieren con reprimir? De acuerdo con la definición de la Real Academia Española, la palabra reprimir se refiere a: “1. (f) Acción y efecto de represar o reprimir. 2. (f) Acto, o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales.”

La definición psicoanalítica de la represión no está tan distante de la acepción cotidiana: se trata de un “esfuerzo de desalojo”. La represión es el medio por el cual se intenta desalojar de la consciencia un cierto evento, vivencia, experiencia o incluso un pensamiento, que resulta conflictivo para la psique. El pensamiento o experiencia se registra en la consciencia en un primer momento, y en un segundo momento, se expulsa de ella por considerarlo amenazante.

Hagamos un símil de la represión psíquica con un movimiento social. Imaginemos que el pensamiento o vivencia reprimido sería como un grupo rebelde cuyos propósitos van en contra del gobierno. El grupo rebelde se manifiesta, convoca a reuniones y empieza a generar estragos en la población. El gobierno, la parte de nuestra psique que reprime, al ver lo que ocurre, buscará restaurar el orden de nuevo, sin importar el costo; no puede aniquilar al grupo rebelde, por lo que decide mandar al exilio tanto al grupo rebelde como a todos aquellos ciudadanos que fueron afectados por él.

Represión: desalojar lo incompatible

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Las pulsiones, diferentes a los instintos, siempre buscan salir para lograr su satisfacción parcial. En su tránsito, sin embargo, se encuentran con ciertas barreras o límites, impuestos por el principio de realidad, que impiden su salida.

Freud ubicó la represión justamente como efecto de este choque: la pulsión inconsciente intenta salir para satisfacerse y, al llegar a la frontera con la consciencia, se le deniega el acceso ¿por qué? Porque es incompatible con otras exigencias psíquicas; todos los elementos incompatibles son reprimidos, condenados al exilio.

Retorno de lo reprimido

Aquello reprimido se manda a lo inconsciente. El problema es que, una vez mandado, lo reprimido no se almacena tranquilamente en lo inconsciente, sino que se requiere de un esfuerzo constante para mantenerlo alejado de la consciencia, implicando un estrago perpetuo en el aparato psíquico.

Conforme pasan los años y se tienen nuevas vivencias, se reprime material adicional que se vincula con otras vivencias similares reprimidas, creando una intrincada red. Los elementos de la red se movilizan y buscan salida por medio de los sueños, lapsus, actos fallidos y otras manifestaciones de lo inconsciente. Cuando el material reprimido se moviliza a tal grado que amenaza con alcanzar la consciencia de nuevo, es necesario hacer un esfuerzo adicional para apartarlo de la consciencia, generando, entre otros, el bien conocido insomnio.

Imaginemos, por ejemplo, que un adolescente tiene boletos para ir al concierto del año con el grupo más popular de la escuela. La fecha del concierto coincide con la fecha programada por un viaje familiar, por lo que sus padres le niegan el permiso y lo obligan a respetar su compromiso previo de ir al viaje con ellos. En el trayecto al aeropuerto, el adolescente discute enfurecido y, entre sus pensamientos, cruza el deseo de que sus padres “no existieran”; unos minutos más tarde, sufren un accidente y sus padres se lastiman gravemente.

El pensamiento de ira justo antes del accidente, hace que el adolescente sienta culpa descomunal por sus heridas, como si él fuera responsable. El pensamiento claramente entra en conflicto con otras exigencias y límites, la sensación de culpa es insoportable y los choques amenazan a todo el aparato psíquico, ¿cuál es la solución? Se reprime el pensamiento y el recuerdo del accidente; pero no sólo eso, se reprime también cualquier memoria del viaje, del concierto, e incluso después, cuando alguien menciona algo del viaje, siente repulsión hacia esa actividad.

Para entender mejor la represión, necesitamos aclarar algunas diferencias. Digamos que una experiencia, pensamiento o vivencia está compuesta por dos elementos: el evento o pensamiento en sí, en el caso del ejemplo sería el viaje, el accidente y el pensamiento de ira contra los padres. El segundo elemento es el sentimiento surgido por el evento: la culpa por las heridas de sus padres y la furia por su negativa de ir al concierto.

Cuando entra en operación la represión, solamente se desaloja de la consciencia el evento o pensamiento en sí, no el sentimiento o afecto. Para explicarlo de otra forma, se separan uno de otro y el evento o pensamiento se olvida, mientras que el sentimiento queda rondado por el aparto psíquico, adhiriéndose a otras vivencias sin poder ser tramitado.

Volvamos al ejemplo. El adolescente, al convertirse en adulto, no tiene recuerdo del accidente, menos aún del concierto. En las profundidades de su inconsciente, sin embargo, sigue presente la memoria reprimida de lo ocurrido. El sentimiento de dolor y culpa, por su parte, se transformó en repulsión ante todo lo relacionado con viajes, al grado de que se considera a sí mismo un amargado sin saber por qué.

Cuando por motivos de su trabajo, el hombre debe ir a una agencia de turismo, su aparato psíquico entra en alarma. Los elementos externos de su entorno (la agencia) le recuerdan lo reprimido, como si “llamaran” al elemento en las profundidades de su inconsciente; esto es, cuando hay un elemento en común entre el entorno y el material reprimido, se genera un vínculo, haciendo que lo reprimido insista con más fuerza en salir a la consciencia y en regresar del exilio.

El hombre poco sabe del estrago interno de su psique. Él lo percibe como un estrago físico: se empieza a sentir mareado, se le baja la presión, teme que quizá esté sufriendo un infarto o alguna otra afección física. Pasará las siguientes semanas sufriendo de insomnio o pesadillas, sintiendo que su salud decae y tiene una enfermedad incurable, a pesar de que los médicos le aseguran que se encuentra en perfecto estado. El malestar continuará hasta que su aparato psíquico logre dominar de nuevo al material inconsciente.

El problema surge, precisamente, cuando el aparato psíquico es incapaz de seguir impidiendo la salida de los diversos elementos inconscientes reprimidos. El malestar, en estos casos, no sólo no cede jamás, sino que cada vez es más fuerte e incluso incapacitante. Algunas personas, después de descartar aflicciones físicas, buscarán iniciar un análisis como respuesta al malestar ocasionado por la insistencia del retorno de lo reprimido.

Efectos de represiones

Como mencionábamos, la represión es el mecanismo fundamental utilizado en la neurosis, y, lo más importante, es justo lo que da origen a lo inconsciente. Gracias a la represión, se forman dos instancias dentro del aparato psíquico, juzgadas incompatibles una con otra: por un lado está la consciencia y por el otro todo aquello que se desalojó de la misma.

A pesar de no tener acceso directo a lo inconsciente y todo su contenido, éste rige una gran parte de nuestra vida. Cuando nos sentimos tristes, enojados, ansiosos o culpables sin entender por qué, usualmente el afecto se debe a una vivencia o pensamiento que fue desalojada de la consciencia y exiliada a lo inconsciente.

CARTAS BASURA: UNA FORMA SALUDABLE DE EXPRESAR LA RABIA

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La rabia o ira es el sentimiento que se produce naturalmente al recibir un daño o vivir una frustración. Nos provoca un deseo muy fuerte de responder con agresividad a la persona o situación origen de nuestro mal. Es una emoción que nos carga de energía negativa, sin embargo si podemos darle salida no nos ocasionara daño alguno.

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Por muchas generaciones la educación recibida, ha señalado a la rabia como dañina, generando la represión de sus manifestaciones, llegando a la conclusión que “enojarse es malo”. Ocurre entonces que, con frecuencia, nos callamos ante el daño que recibimos y nos tragamos nuestra rabia.

Es habitual, sobre todo en personas complacientes o que no pueden establecer límites, que la rabia acumulada se libere explotando con las personas más vulnerables o cercanas y en los momentos menos apropiados. Como por ejemplo el padre que llega a su casa molesto por el trabajo y se desquita con sus hijos, etc.

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Una rabia no expresada a tiempo se convierte en rencor o resentimiento.

La energía acumulada de la rabia afecta a nuestro equilibrio corporal, porque tiene un fuerte componente psicosomático y si no solucionamos nuestros conflictos emocionales con la rabia, podemos llegar a enfermar. Es pues necesario que esa energía negativa no se quede dentro de nosotros para no hacernos daño; hay que echarla afuera, pero en la forma adecuada para que tampoco dañe a los demás.

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Una manera muy sencilla de poderlo hacer son las llamadas cartas-basura. Una carta basura es un texto escrito conscientemente que me permite expresar mi rabia para después tirarla a la basura o quemarla y desprenderme de esa energía.

El objetivo fundamental no es decirle algo a alguien, sino sacar de mí lo que me hace daño. Es una herramienta imprescindible en aquellas ocasiones en las que es imposible dialogar con la persona que hace daño, porque ya no está o porque no existen las condiciones mínimas para expresarse con seguridad y/o asertividad.

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Cómo hacer una carta basura
1. Recuerda los acontecimientos o las personas que te provocan tu rabia. En algunos casos son evidentes; en otros, muchas pequeñas y continuas agresiones.
2. Toma papel y pluma y escribe una carta dirigida a esas personas, circunstancias o situaciones responsables de tu dolor. No te limites, deja que fluyan por tu mano los insultos guardados, los malos deseos, las fantasías perjudiciales, los reproches, los rencores… Siente que no dejas nada en el tintero de tu herida.
3. Cuando acabes de escribir, despídete (es un cierre) y firma (es tu deseo). No releas la carta y DESHAZTE de ella de una manera expresiva: la quemas, la rompes en pedazos o la tiras. Son palabras que no tienen que quedarse en ti.
4. Comprueba cómo se ha estabilizado tu nivel emocional y que estás más tranquil@.

Siempre que lo necesites puedes repetir este ejercicio.
Si te cuesta trabajo manejar tu rabia o agresión, comunícate con nosotros, podemos ayudarte.

Sobre los cambios de humor en los Hombres

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Al considerar los cambios de humor repentinos en el hombre, debemos tener cuenta que estos cambios conductuales pueden ser la representación de un problema mas profundo de salud, tanto de naturaleza psíquica como física. Este síndrome de las denominadas “personas veleta” afecta a una población en torno a una persona entre cada 200, no manifestándose significativamente una asociación a una determinada condición sexual ni de ningún otro tipo, y su génesis suele producirse al comienzo de la edad adulta.

Muchos hombres de marcada impulsividad viven ajenos a las consecuencias de sus actos, cautivos de un estado de ánimo inestable que probablemente sea el factor desencadenante de dichas actitudes. A la hora de clasificar el estado de ánimo, podemos hablar de normal, elevado o deprimido, correspondiéndose estos dos últimos con ciertas desviaciones psíquicas que penalizan el equilibrio emocional del individuo y le impiden el control de su situación.

Esta dinámica de altibajos bruscos en el humor o estado de ánimo se conoce como ciclotimia, resultando ser una variante moderada de una entidad patológica mayor como el trastorno bipolar.

La proliferación de altibajos emocionales recurrentes induce siempre a pensar en la existencia de ciclotimia, cuya influencia en las relaciones interpersonales y en el rendimiento social y laboral puede llegar a ser notable. Dichos cambios en el estado de ánimo se mueven en un rango entre la depresión leve y la hipomanía (caracterizada por una desproporcionada euforia), viniendo a extenderse en periodos de dos meses aproximadamente. La persona en estado de hipomanía puede sentirse bien e incluso su organismo puede manifestar un adecuado funcionamiento y una mayor productividad.

Un motivo frecuente de los cambios de humor repentinos en el hombre es un desequilibrio hormonal, en el pueden estar involucradas la testosterona, la melatonina y las hormonas tiroideas. En consecuencia, asiduamente se trata del desenlace de una combinación de estrés y agotamiento suprarrenal. Las glándulas suprarrenales fabrican numerosas hormonas como cortisol, adrenalina y DHEA, sin cuyo curso en niveles adecuados, queda disminuida la capacidad de combatir fisiológicamente el estrés.

Existen diferentes estrategias para amortiguar los cambios de humor, controlando los efectos de los acontecimientos teóricamente responsables de los mismos, así como adoptando un ritmo de vida bien estructurado en cuanto a horas de sueño, régimen alimenticio, práctica de ejercicio, etc. Por parte de las personas que en su vida cotidiana se sienten cercanas a un hombre de estas características, han de desplegar suficiente inteligencia emocional que le impida contagiarse de sus vaivenes conductuales. En la comunicación con la persona ciclotímica es indispensable hacerle ser consciente de cada repentino cambio de humor que experimente y transmitirle una sensación de ser partícipe de sus tribulaciones como persona allegada.

Ciclotimia y su relación con los cambios hormonales.
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Tener cambios de humor es algo normal, ya que aunque podamos mantener estable nuestro estado de ánimo, factores sociales laborales e incluso hormonales en el caso de las mujeres pueden causar oscilaciones del estado de ánimo que nos hagan pasar de la alegría al llanto al poco tiempo, aunque al poco tiempo recuperaremos el equilibrio anímico que teníamos antes del suceso.

Sin embargo, existen personas que sufren cambios en el estado de ánimo constantemente y de forma brusca, pasando de la euforia a la depresión en un mínimo periodo de tiempo, aunque sin llegar a sufrir una depresión bipolar. Estas personas son los ciclotímicos.

No se sabe con certeza cuál es el origen de esta dolencia, aunque sí se ha observado que la mayoría de quienes la sufren tienen antecedentes familiares de la misma o de otros trastornos similares como el trastorno bipolar, por lo que se piensa que el componente genético juega en gran papel en el desarrollo de esta enfermedad.

Existen diversos niveles de esta dolencia, desde simples cambios que no son apenas percibidos por los allegados hasta cambios tan bruscos que perjudican el ámbito personal y laboral del sujeto.

Es necesario asegurarse de que los síntomas no forma parte de otras patologías como depresión, esquizofrenia o hiperactividad y que no sean causados por adicción a las drogas, al alcohol, etc.

Los síntomas que caracterizan la ciclotimia son cambios de ánimo constantes durante al menos un año si son niños o adolescentes o de dos años si son adultos. Cuando se presentan los síntomas deben durar 8 semanas como mínimo.

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Tratamiento de la Ciclotimia.

Esta se realiza básicamente mediante medicamentos antidepresivos y psicoterapia. Como en cualquier otra psicopatología, el apoyo del entorno familiar se antoja crucial. Las alteraciones emocionales asociadas con los cambios de humor admiten la aplicación de la aroma-terapia como tratamiento promotor de relajación, a base de ciertas hierbas, aceites y perfumes a cuyos olores son receptivos los hombres sometidos a estos vaivenes psíquicos, amortiguando sus cambios bruscos de humor y comportamiento.

Nutricionalmente pueden lograrse efectos beneficiosos que coadyuvan al retorno a la normalidad, especialmente con una buena suplementación de ácidos grasos esenciales, vitamina B6, cinc y magnesio, eligiendo alimentos con glúcidos de liberación lenta (es decir, no azúcares simples) y, como complemento específico, aportando el aminoácido 5–Hidroxitriptófano.

Acerca de los cambios de Humor en las mujeres.

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Nos hemos planteado la posibilidad de explorar los cambios emocionales en las personas, el día de hoy enfocando la mirada sobre la mujer, para luego analizar información y datos de lo que ocurre con los hombres.

Por lo general, solemos achacar los altibajos emocionales o cambios de humor al estrés, a la tensión acumulada, al cansancio e, incluso, a las hormonas (síndrome premenstrual). Pero no siempre la respuesta es tan sencilla. Pasar de la euforia, alegría y optimismo a la impaciencia e irritabilidad puede deberse a un problema de salud. ¿Quién es el responsable?

Cambios de humor: causas
Si últimamente notas que tu estado de ánimo decae en ciertos momentos sin causa aparente, es hora de consultar al médico, porque siempre hay una causa, y puede ser una cuestión de salud.

  1. Problemas de sueño: Según datos médicos se estima que uno de cada tres españoles tiene problemas para dormir bien. Y precisamente la falta de sueño es una de las primeras causas de inestabilidad emocional.Los médicos y especialistas no dudan en que hay una relación entre los trastornos del sueño, la depresión y la ansiedad.
  2. Problemas de tiroides: La tiroides, situada en la base del cuello, desempeña una función esencial en nuestro organismo. Es una glándula endocrina que, a través de la secreción de sus hormonas, se encarga, entre otros, de regular el metabolismo y la temperatura corporal, favorecer la asimilación de nutrientes, garantizar el funcionamiento del sistema nervioso y la creación de tejidos. Cuando se ralentiza o acelera puede aparecer síntomas como los cambios de humor. El hipotiroidismo, según los expertos, produce tristeza. El hipertiroidismo, por su parte, nerviosismo.
  3. Desequilibrio hormonal: Más conocido como síndrome premenstrual. Suele aparecer entre una semana y diez días antes de la regla y, entre otros síntomas (dolor de cabeza, retención de líquidos, falta de concentración), se incluyen los cambios de humor. Mayor irritabilidad, cansancio y ansiedad en los que mucho tienen que ver los estrógenos.
  4. Efectos secundarios de los fármacos: Ciertos fármacos, como corticoides o somníferos, pueden provocar cambios de humor. Sus efectos se suelen notar a las pocas semanas de empezar a tomarlos.
  5. Depresión o trastorno bipolar: En general, es más común que el trastorno bipolar se manifieste entre los 15 y los 25 y continúe durante toda la vida. Se caracteriza por episodios de depresión y euforia, ocurriendo ambos estados de modo extremo. En la fase de euforia aparecen síntomas como poca necesidad de sueño, falta de auto-control (excesos con la comida, bebida…), hiperactividad. En la fase de depresión aparece tristeza, dificultad para concentrarse, pérdida de peso y apetito, fatiga, apatía, entre otros síntomas.

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Cambios de humor: ¿qué hacer?
Una vez desvelada la causa de los altibajos emocionales hay que ponerle remedio:

  1. Si nuestro problema es el sueño, conviene fijar horarios y cumplirlos. Los expertos aconsejan acostarse pronto y levantarse temprano. Entre los remedios caseros para mejorar el descanso se puede aplicar unas gotas de aceite esencial de lavanda en la almohada o al planchar las sábanas, una planta que ayuda a conciliar el sueño. Un vaso de leche caliente también ayuda, así como una infusión de valeriana, tila o melisa.
  2. Si el problema es de tiroides, un simple análisis de sangre lo confirmará. Se trata mediante hormonas sintéticas en pastillas, a modo de suplemento o sustituto de las producidas por el organismo de manera natural. La tiroides, para funcionar bien, necesita yodo. La cantidad diaria necesaria es de cien a 150 mg (entre 200-300 en mujeres embarazadas y en periodo de lactancia). Más consejos: dieta del yodo.
  3. Para prevenir los altibajos propios del síndrome premenstrual, lo más aconsejable es seguir una dieta sana (verduras, frutas), rica en ácidos omega. Hay que moderar el consumo de hidratos de carbono refinados, azúcares y sal. Y también es aconsejable practicar ejercicio físico para liberar estrés, entre otros beneficios.
  4. Si los altibajos son un efecto secundario de los fármacos, consulta con tu médico para cambiar el tratamiento. Y, muy importante, no automedicarse nunca.
  5. En el caso de que los cambios de humor respondan a un trastorno bipolar, debe ser el especialista el que certifique el diagnóstico y, a partir de ahí, establecer el tratamiento farmacológico más adecuado.

Ansiedad por rendimiento o anticipación. ¿Qué es y como vencerla?

La ansiedad por rendimiento o anticipación es la que sentimos ante una tarea que debemos realizar bien y consideramos por encima de nuestras posibilidades por el motivo que sea.

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¿Cómo saber si tienes ansiedad?

Muchas personas experimentan ansiedad cuando tienen que realizar alguna actividad delante de otras personas y sienten que deben hacerlo bien. Frecuentemente, aparece con bastante antelación a la situación temida, y en los casos más extremos, puede ser tan alta que la persona acaba por evitarla.

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Si sientes temor a que te tiemble la voz al hablar en público, quedarte en blanco cuando vas a hacer un examen oral, o que el corazón se te va a salir por la boca cuando vas a hacer una entrevista de trabajo, muy probablemente sufres de ansiedad.

El efecto anticipatorio

Irónicamente lo que más tememos no es realmente el examen o la entrevista de trabajo, sino la posibilidad de experimentar ansiedad y las consecuencias que ésta tendría en el desempeño de la tarea que vamos a realizar.
Estamos alerta y vigilamos cualquier signo de nerviosismo, antes y durante la situación, e intentamos luchar contra su aparición: nos horroriza que podamos trabarnos al hablar, que nos pongamos rojos delante de los otros o que nos tiemblen las manos y se den cuenta o interfiera con lo que estamos haciendo.

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La ansiedad es como un monstruo que se alimenta de la atención que le prestas. Estar pendiente de ella hace que efectivamente tengas miedo a que se manifieste, facilitando que ocurra y se incremente tu intensidad. Pero, ¿qué puedes hacer ante estas situaciones? Acepta la ansiedad y úsala a tu favor.

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Cómo enfocar tu ansiedad de manera positiva.

Sentir esa ansiedad cuando tenemos que rendir no es algo necesariamente negativo, sino normal e incluso positivo: nuestro cuerpo sabe que tenemos que realizar un esfuerzo superior al que estamos acostumbrados, por lo que se pone en alerta y se activa para que podamos afrontar nuestra tarea y mejoremos nuestra ejecución.

Si sabes que estas señales de ansiedad son algo esperable y un signo de que quieres hacerlo lo mejor posible tendrás más posibilidades de centrarte en la tarea que tienes entre manos. Una vez estés en la tarea, procura no fijarte en estas sensaciones de nerviosismo o incomodidad. Por el contrario, intenta poner todos tus sentidos en lo que estás haciendo. Normalmente, al hacer esto, notarás cómo vas sintiéndote más seguro de ti mismo a medida que transcurre el tiempo.

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Válete de estas estrategias para ayudarte a manejar tu ansiedad:

1. Usa tu energía para prepararte para el evento. Da un paseo o repasa lo que vas a hacer, en vez de luchar inútilmente contra la ansiedad.
2. Ve preparado. Nada da más confianza en uno mismo y en las propias capacidades que el haber preparado lo que tienes que hacer. Si estás listo y planificas a fondo lo que vas a decir o cómo te vas a presentar, no sólo te sentirás más seguro, sino que al inicio puedes ir casi en “piloto automático”, ayudándote a romper el hielo y entrar en situación.
3. No te obsesiones con estar tranquilo o con lo que puede pasar si te pones nervioso durante la actuación o tarea; intentar evitar la ansiedad a toda costa sólo consigue que se incremente.
4. Centra la atención en la tarea a realizar y no en tu cuerpo o en las expresiones de las otras personas. Si encuentras muy difícil hacer esto, practica ejercicios de focalización de la atención o aprende a meditar.
5. Si cometes errores durante la actuación o tarea, sigue sin más. Es posible que los demás no se hayan dado cuenta de la equivocación, y de todas formas ya no puedes hacer nada, salvo continuar y centrarte en lo que estás haciendo en ese momento.
6. Practica técnicas de relajación y de control de la ansiedad: ya sea mediante técnicas de respiración, con técnicas de relajación muscular, practicando el yoga o la meditación . Usa cualquier actividad que te ayude a rebajar y a regular el nerviosismo.

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Es normal que durante la vida y sus diferentes circunstancias sintamos ansiedad, sin embargo si aprendemos a focalizar nuestra energía, esa que nos activa la ansiedad, para concentrarnos en la tarea y dejar el mundo aparte, podremos mantenerla en un nivel que no nos perjudique y le saquemos provecho.
Si te cuesta trabajo manejar tu ansiedad, comunícate con nosotros, podemos ayudarte.

Pesadillas y Terrores nocturnos, 2 trastornos de sueño que afectan en la infancia.

¿Qué son y cómo manejarlos?

Los trastornos del sueño y las dificultades para dormirse son uno de los problemas más frecuentes en la infancia.  A pesar de que muchas veces se confunden, las pesadillas y los terrores nocturnos son dos trastornos  diferentes, a continuación te describimos cada uno:

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PESADILLAS

Son episodios de ensoñación que producen un miedo intenso en el niño y que provocan su despertar.

• Son sueños desagradables de gran intensidad que originan fuertes sentimientos de miedo, terror, ansiedad o angustia en el niño.
• Su ocurrencia se limita casi exclusivamente a la fase de sueño REM y es más frecuente en la segunda mitad de la noche (normalmente al amanecer).
• Suelen aparecer alrededor de los 3-6 años disminuyendo su ocurrencia con el paso de los años.
• En la mayor parte de casos no hay motivo de preocupación, es uno de los problemas de sueño más frecuente en la infancia y la adolescencia.
• El niño SÍ RECUERDA lo que ha soñado y es capaz de explicarlo.
• Por regla general los episodios duran semanas y se relacionan con algún fenómeno externo que les ha causado inquietud. Si el niño está traumatizado por algo se vuelven repetitivas.
• Los resultados de algunos estudios apuntan a existe una relación entre los niveles de ansiedad de los niños y la ocurrencia de pesadillas.

Pesadillas más frecuentes:

• 2-3 años: miedo a la ser separados de sus padres y a los extraños.
• 3-5 años: miedo a la oscuridad y a algunos animales.
• 6-8 años: miedo a seres imaginarios como fantasmas o monstruos.
• 9-10: miedo a la escuela y al daño físico
• A partir de los 11 años adquirirán más relevancia los miedos a situaciones sociales, al daño corporal y al fracaso escolar.

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QUÉ HACER

Como recomendación general es bueno establecer unas pautas de sueño adecuadas. Tener unos hábitos regulares de sueño ayudará al niño a saber cuando se acerca el momento de dormir.

Cuando el niño se despierte por una pesadilla habrá que:
• Ayudar y consolar al niño lo antes posible. Se le puede abrazar y cogerle la mano mientras se le tranquiliza con palabras.
• Hablarle con ternura hasta calmar su angustia, explicándole que se trata sólo de un sueño, pero también hay que hacerlo con firmeza y seguridad sin dejarse convencer por el niño (por ejemplo cuando piden dormir con los padres).
• Es aconsejable permanecer con el pequeño hasta que éste se haya calmado lo suficiente para volver a conciliar el sueño.
• También puede consolarte uno de sus peluches favoritos.
• Alabar o premiar al niño por cada paso que da para enfrentarse a la pesadilla. Puede establecerse un sistema de puntos a través del cual ganará premios si va cumpliendo determinados objetivos.

QUÉ NO HACER

• NO es buena idea hablar con detalle sobre el contenido de la pesadilla en el momento en que el niño ha despertado a causa de ella. Si hacemos esto el niño podría activarse aún más y eso haría más difícil que volviera a dormirse. El momento para hablar de ello será al día siguiente (si el niño tiene edad suficiente), si es muy pequeño es mejor no obligarlo a contarla.
• NO hay que entrar en el cuarto encendiendo todas las luces cuando el niño se despierta asustado. Es preferible encender una luz suave. Si lo hacemos así evitaremos que asocie la oscuridad con el malestar y la luz con la seguridad, y pueda desarrollar así miedo a la oscuridad. Además, así facilitaremos que se vuelva a dormir.
• NO es aconsejable que el niño se acueste con los padres. Si lo permitimos no le estaremos ayudando a superar esta etapa y además le daremos la impresión equivocada de que en realidad hay algo que temer.
• NO hay que convertir en una costumbre comprobar con el niño la habitación, debajo de la cama, el armario, para hacerle ver que no hay monstruos ni fantasmas.
• NO decirle al niño sin más que sus pesadillas no son reales puesto que para él sí que se lo parecen y mucho. Es mejor darle algún tipo de explicación adecuada a su edad sobre que fue un mal sueño que le pasa a toda la gente y que no pueden hacerle ningún daño.
• NO dar demasiada importancia o mostrarse muy preocupados por las pesadillas puesto que el niño podría aprender a utilizarlas como una estrategia para conseguir la atención de los padres.

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TERRORES NOCTURNOS

Son episodios de despertar brusco, muy alarmantes ya que el niño pasa de forma brusca de estar profundamente dormido a incorporarse en la cama, gritando y frecuentemente con sudor, taquicardia e hiperventilación.

• Suelen aparecer sobre los 4-12 años y desaparecer al llegar a la adolescencia.
• Los episodios de terrores nocturnos son más frecuentes en niños que en niñas.
• Como se ha dicho, el niño despierta bruscamente y empieza a gritar como si estuviera sufriendo de una forma sobrehumana. El horror puede durar entre 2 y 10 minutos.
• Cuando los padres acuden y hablan al niño, éste no reacciona, no es consciente de lo que ocurre a pesar de tener los ojos abiertos y muchas veces fijos en algún punto.
• En realidad el niño está profundamente dormido y por eso al día siguiente NO RECUERDA nada de lo ocurrido.
• No parece haber una única causa que dé origen a los episodios de terrores nocturnos. Algunos de estos factores pueden ser: los genéticos, madurativos, asociado al consumo de algún tipo de sustancias y situaciones de ansiedad vividas durante el día.

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QUÉ HACER

En los casos leves, que son la mayoría, los padres deben adoptar una actitud tranquila y de conocimiento del trastorno.
• Simplemente vigilar que el niño no se caiga de la cama o sufra cualquier daño físico derivado de su incorporación brusca de la cama, ya que no hay que olvidar que el niño NO está despierto.
• Esperar a que el episodio siga su curso natural bajo nuestra vigilancia.

QUÉ NO HACER

• NO hablarle ni intentar despertarlo.

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Como conclusión, las pesadillas son uno de los trastornos de sueño más frecuentes en la infancia y en su gran mayoría se trata de episodios leves que pueden superarse siguiendo estas sencillas recomendaciones.

En cuanto a los terrores nocturnos, aunque mucho menos frecuentes que las pesadillas, suelen manifestarse de forma leve en los niños, y en este caso no se requeriría ningún tratamiento específico.

No obstante, si se observa que los episodios, por frecuencia o intensidad, sobrepasan los límites de la normalidad provocando un gran malestar en el niño, sería aconsejable acudir a un profesional que valore el problema e indique el tratamiento y/o terapia oportuna en cada caso. Si tu hij@ está padeciendo alguno de estos 2 trastornos no dudes en acercarte con nosotros, podemos ayudarles.